2026 es el año de mi Último Baile.
No por final, sino por fidelidad. Fidelidad a la versión de mí que bailaba un nivel arriba, que empujaba, brillaba y lideraba sin que se lo pidieran.
Este año dejo de operar en piloto automático.
Dejo atrás la sombra cómoda del bare minimum, la pasividad elegante, el esconderme en prioridades que no me mueven.
La promoción soñada llegó, y con ella un vacío gris. Escuché en un podcast que el verdadero peligro no es perder; es perder el hambre.
Y me di cuenta: me estaba apagando.
Soy un jugador, no un mantenedor. Y este es mi turno para volver a jugar.
Mi música para este Last Dance se llama: Excelencia Audaz.
Un ritmo compuesto por:
- Boldness (Atrevimiento): Volver a levantar la mano primero.
- Agresividad Inteligente: Moverme con propósito, no con ruido.
- Velocidad: Decidir y ejecutar, sin el lastre de la perfección paralizante.
(Como decía mi ex jefe: “Be bold, be aggressive, be fast.”)La pasividad
Los pasos que voy a bailar (Mi Impacto):
- Dejar mi huella en iniciativas globales, no solo locales.
- Automatizar lo repetitivo, facilitar el trabajo de los demás, mejorar cada proceso que toque.
- Construir mi voz más allá de la oficina, desde mi blog y mi proyecto.
- Inspirar con el ejemplo, no con el discurso. Mostrar que se puede brillar sin quemarse.
Mi coreografía diaria (Mi Compromiso):
- Tiempo Creativo Sagrado: Espacios para pensar, diseñar estrategias, resolver de raíz.
- Energía Dirigida: Mi tiempo y atención son recursos finitos. Los gasto solo en lo que importa.
- Productividad con Propósito: Eficiencia al servicio del impacto, no de la simple ocupación.
- Volver al Spotlight: Aceptar la visibilidad, el feedback y la vulnerabilidad que conlleva volver a brillar.
Las metas que coronarán este baile (Lo que voy a construir):
- Correr 59 kilómetros (porque el límite es mental).
- Desarrollar mi blog y marca personal (Godín en Rehab).
- Impulsar mi proyecto de kombucha (de idea a realidad tangible).
- Lograr impacto internacional en mi rol y un viaje de negocios que abra caminos.
Mi mantra para cuando la música se ponga difícil:
“Este año no me escondo.
Este año vuelvo a brillar.”
La única regla de este Last Dance: Salir de la pista vacío.
Vacío de excusas, de potencial guardado, de “hubiera podido”.
Lleno, en cambio, del polvo del esfuerzo honesto, de cicatrices de batallas bien peleadas, y de la certeza de haberme gastado por completo en una danza que valió la pena.
Porque este ya no es el baile del ascenso por el ascenso.
Es el baile del arquitecto que usa su posición para construir su legado.
La música la elegí yo.
Y no me detengo hasta que los zapatos se rompan.